¿SABEMOS REALMENTE QUÉ SON LAS DA?
Cuando escuchamos el término ''Dificultades de Aprendizaje'' inmediatamente lo relacionamos con problemas o trastornos cognitivos graves. Además, nos resultaría muy complicado pensar en alguna dificultad de aprendizaje que no se origine en el sujeto. En este artículo, Eduardo Rigo, expone de una manera muy clara y sencilla los enfoques equivocados que realizamos acerca de este tema.
De una persona con una discapacidad evidente (síndrome de down, hipoacusia, invidencia, etc.) tenemos una expectativas bajas en el proceso de aprendizaje, pero esto se revierte si estos problemas se identifican en una persona sin aparentemente ninguna dificultad y fracasa en los aprendizajes escolares.
Los profesionales tienen la necesidad de etiquetar a ese alumno, necesitan clasificar esas dificultades con un nombre, y de ahí, que este forme parte de las N.E.E. Esta ''etiqueta'' tranquilizará al educador, dado que el problema ya está ubicado en alguna dificultad, de este modo ya estaría ''encasillado''. Sin embargo, si no se encuentra alguna respuesta (algún nombre, clasificación) a estas dificultades que presenta el niño, se tiende a etiquetas como ''vago, inútil...'', y del mismo modo, los profesionales tienden a cuestionarse sobre sus conocimientos sobre la cognición humana.
En el artículo, E. Rigo define las ayudas que se ofrecen a estas dificultades como: ''plan perverso''. Lo define así dado que cuanto mayor dificultad, más problema existe para adquirir el aprendizaje, y como consecuencia, se proporciona más ayuda. Con ello, estamos obviando cuestiones muy importantes, y es que todas las necesidades son igual de importantes, independientemente de su grado de dificultad.
Por otro lado, la no concesión de ayuda para los sujetos con menor grado de dificultad, provoca un sentimiento de culpa a este. Este sujeto con alguna dificultad leve o moderada, sin esta ayuda, encontrará dificultades para que se produzca el aprendizaje, y como resultado, tenderá a recaer ''la culpa'' sobre cuestiones internas del alumno. En este sentido, se percibe como una negatividad por parte del sujeto, pasotismo, falta de interés, pereza, por lo que se vería afectada la autoconfianza.
Algunas orientaciones y/o claves imprescindibles que nos proporciona E. Rigo:
1. No confundir el nivel de dificultad con el esfuerzo para ayudar. Todas las necesidades requieren mucha ayuda.
2. No confundir dificultad con esfuerzo económico.
3. Menor o mayor dificultad con mayor o menor formación de los profesionales de apoyo. En ocasiones suele ser al revés de lo que se cree y se requiere mayor formación por parte de los profesionales para dificultades menores.
4. Si no se encuentran razones justificables del problema, se tiende a dirigir la mirada a la responsabilidad del sujeto. Esto sería otro error por parte del profesional.
5. Concebir la educación como un simple trabajo de las capacidades intelectuales, cuando esta debería estar enfocada en otros temas más relativos: la autonomía.
Por otro lado, las DEA responden a factores internos y externos (factores ambientales). La inteligencia emocional o social también tiene un gran peso en lo relacionado con las DEA, las investigaciones nos demuestran que las relaciones intrapersonales que establece el niño en la infancia, determinan en mayor medida, e influyen y explican las características del aprendizaje.
Por este motivo, la educación debe enfocarse en aspectos no solo intelectuales, sino tener en cuenta, aspectos sociales y emocionales, específicamente en las necesidades educativas, dado que el éxito o el fracaso no se mide en los títulos académicos obtenidos, hay otros aspectos más importantes que debe abordar y desarrollar la educación.

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